EL CUENTO DE NUNCA ACABAR
HE DE COMENSAR POR LO MAS SENCILLO Y LO MAS BASICO, UNA DE ESAS COSAS QUE EXPLICAN Y QUE LOGRAS ENTENDER CON UNA PALABRA. ELLA ERA UNA DE ESAS MUJERES QUE TE ENCUENTRAS EN LA CALLE CUANDO VAS HACIA EL MERCADO. ELLA ERA UN POCO ALTA, DELGADA CON UNA CARA QUE PARECIA HABER VISTO AL DIVINO SALVADOR, Y ESTE LE HABIA ALUMBRADO EL CAMINO. SU PIEL DE COLOR CANELA PARECIA PERFECTA CUANDO LA LUZ DEL SOL SE POSABA EN SUS MEJILLAS. TODA ELLA ESTABA LLENA DE UNA INOCENCIA DE NINA ADOLESCENTE, AUQUE YA SE ENCONTRABA BIEN ENTRADA EN LOS CUARENTAS. CADA VES QUE LA MIRABA PARARSE Y MIRAR TODAS LAS VERDURAS EN EL PUESTO DE ENFRENTE, TOMABA CADA UNA DE ELLAS COMO SI FUERA UNA DE LAS MAS PIEDRAS PRECIOSAS PODIDAS ALLAR EN EL FONDO DE LAS MINAS DE BRAZIL. TODOS LOS DIAS ERA UN RITUAL EL VERLA PASAR Y PERSIVIR CADA UNO DE LOS MOVIMIENTOS DE SUS MANOS, SU CINTURA Y DE SUS CAMINAR. EN MI MENTE ME IMAGINABA QUE AQUELLA MUJER VIVIA EN UNA CASA DE LAS COLONIAS RICAS DONDE SOLAMENTE SE PODIA VER UN PORTON NEGRO AL FRENTE Y MAS ALLA DE ESO SE ENCONTRABA UNA DE ESA CASAS GRANDES EN LAS CUALES TE PERDIAS EN SU INMENSIDAD. PERO FUE UNO DE ESO DIAS SOLEADOS CUANDO SU PRENSENCIA LE HIZO FALTA AL DIA PARA COMPLETAMENTE SER UN DIA ESQUIZITO. ESE DIA MI CABEZA DIO VUELTAS Y VUELTAS EN SPIRAL. ME HUNDIA EN UN TORMENTO Y UNA ANSIEDAD QUE ME COMIA POR DENTRO. DONDE ESTARA? LE HABRA PASADO ALGO? HABRA MUERTO? MI MENTE CONJURO UN MILLON DE PREGUNTAS Y POSIBILIDADES. AL LLEGAR LA TARDE, HUBIERA QURIDO CORRER HACIA SU CASA PERO NUNCA ME ATREVI A SEGUIRLA NI TAN SIQUIERA A DIRIGIRLE UNA PALABRA.
UNA SEMANA HABIA PASADO DESDE AQUEL DIA EN QUE DEJO DE VENIR. Mi Mente ya no era mas que un punado de telas de arana, mi mente era aquel ricon mas oscuro que se pueda encontrar en el subterraneo de mi abuela. Todos los dias habia recorido calles enteras, colonias, me habia subido a diferentes rutas de buses para ver si por casualidad la podia ver. En esos dias de busquedad habia tal ves encontrado muchas cosas y gentes que de alguna manera jugarian un papel en mi vida futura. El dia que la deje de ver fue un lunes, ese dia me dispuse a caminar todo el mercado cerrando mi puesto muy temprano. Me diriji hacia la parte sur donde se ponen a verder las gallineras. Yo les preguntaba si por casualidad habian visto a una mujer de estatura alta, de piel moreno y de ojos color canela. Pero desafortunadamente, nadie sabia darme explicacion. Conoci por casualidad a dona Romena. Dona Romena ya tenia sus sensenta anos de edad una viejita tan escandalosa y picara, que me hacia sonrojar con sus chistes y sus hablurias me hacian sentirme incomodo. Ella me conto de cómo ella creia habarla visto, me dijo “ si mi hijito, se me hace que yo vi a esa senora por aquí”
-pero digame mi hijito, a usted le gustan la gallina vieja?
-Mire que usted esta bien jovencito
Realmente me dio vergüenza admitir mi pasion por esa mujer
-No dona Romena, como creer usted es que le debe unos centavos a mi mama, fue a comprar unas especias y las dejo fiadas.
-pues que mi hijito, si yo la miro yo le digo, que mujer mas sin vergüenza.
-Gracias dona Romena
La verdad es que me daba vergüenza yo a mis veinte anos enamorado de una senora de cuarenta.
No se de donde se me habia salido el decir tan grande mentira, ella nunca se habia parado enfrente de mi puesto. Que gran mentira, era mi vida nunca habia tenido novia, me dedicaba a cuidadar el puesto del mercado desde que mi madre, se habia puesto mala. La verdad es que nunca tuve una juventud. Cuando cumpli los 7 anos de edad mi padre se marcho de la casa, el rumor era que se habia acompanado con una de esas senoras amigas de mi mama, pero yo sabia muy bien que eso no era cierto, el se habia ido al oriente, donde todavia vivian sus tios, uno de los doctores que habia visitado lo habia diagnosticado con cancer. Por no quere ver a mi madre sufrir se marcho. La verdad es que nunca supimos de el, en mi mente siempre lo recuerdo como era un hombre un poco bajito, con un bigote negro como el carbon, siempre con su machete al lado con un sombrero de labrador. Mi madre se convirtio desde ese dia en que mi padre se marcho en madre y padre. Su vida no era facil, mientras yo hiba a la escuela, ella se levantaba temprano por la manana y calentaba un jarron de café, mientras yo me banaba y me preparaba para ir a la escuela. El negocio del mercado se lo habia dado mi padre antes que yo naciera, con el dinero del negocio y el sueldo de mi padre se habia llegado a comprar una cama con colchon de resortes, una cocina de gas propano, y una refrigeradora. Luego cuando naci yo, comenzaron a ahorrar dinero para comprarse un televisor. Mis padres habia trabajado arduamente para poder llegar a tener cosas materiales que sus padres nunca pensaron en tener o talvez que ellos mismos sabian que nunca llegarian a tener. Mis abuelos por parte de padre era uno viejitos que vivian de sus vegetales, de la milpa y el maicillo que crecian cada ano. Los Padres de mi madre habian muerto hace ya casi siete anos atrás, ellos vivia en la parte oriente del pais. La verdad es que a mi me gustaba ir a la casa de mi abuelos. Era aquella montanas llenas de maleza y de insectos, era los charcos lleno de lodo y zancudos, era toda aquella selva llena de arboles, arboles frutales, de arboles frondosos y grandes. Todo aquella tierra se me hacia tan virgen, donde solo los pajaros y los insectos podian penetrar su anchura y belleza. Ademas de tanta belleza verde, entre todo aquella jungla se escondia un riachuelo, cuando me paraba a la orilla de ese rio podia ver las aguas cristalinas moviendose hacia lo mas lejano, hasta donde todo el verdusco color de las plantas se lo tragaba poco a poco. Todo aquel gran mundo era mi mundo, nuevos sitios que conocer, nuevos caminos que recorer y nuevos caminos que emperzar. La verdad era que toda aquella tierra era una aventura para mi. Uno de los dias mas inovidables de mi vida fue durante el mes de marzo, nunca pense que tal cosa me hiba a ocurrir a mi. Tal vez tenia como unos diez anos de edad. Esa manana me habia levantado de la cama tempranito y le habia dicho a mi mama, que me hiba a ir donde mis abuelos a pasar el fin de semana,
-mi hijito tenga cuidado cuando pase por los filincos y por esas veredas que mire que hay culebras por alla.
-como cree usted mama, no se preocupe yo ya estoy grande y se me cuidar
-bueno pues como usted quiera.
Todavia no puedo creer que mi madre me trataba de usted, me hacia sentir una persona adulta y yo como cual aunque solo con dies y unos que cuantos meses por delante me sentia un hombre ya.
-bueno pues mama la miro el domingo.
-que Dios me cuide mi hijito
Me sentia tan inportante esta era la tercera ves que mi madre me dejaba ir solo a ver a mis abuelos desde que mi padre se marcho, habia heredado la hombria y toda el valor de un hombre de veinte; bueno tan siquiera eso era lo que pensaba yo.
La manana era hermosa, los rayos del sol comenzaban a salir por detrás de la montana y banaban las laderas, era una manana de brillante amanecer y de un olor a pan y tierra mojada. Esa manana me habia tomado dos tasas de café y me habia comido un pan frances con frijoles y crema. La caminada que tenia que dar era de por lo menos una hora. A mi paso me encontraba a los vecinos que me decian
-para donde vas tan temprano carlitos?
-para la casa de mis abuelos.
-bueno pues, me saludas a don geronimo y a dona juana
-muchas gracias
mi mama me habia puesto una matata llena de dulce de atado, unos pastelitos de pina, una semita, y un libra de café perico. Mi caminata siempre comenzaba recongiendo un palito, con el cual hiba botando hojas, y pengadole al aire como si fuera peleando a espadachinazos con algun monstruo invisible. Esta manana me habia encontrado un palo muy bonito ya que estaba seco y por mas que le dava contra las hojas no se quebraba, yo era invensible contra cualquiera.
Ya que habia pasado el rio me decide sentarme en una de las piedras cerca del rio y comerme otro pan frances y tomar de una pichinga con agua que mi mama me habia puesto. Me quede quietecito, quietecito cuando vi que una masacuata venia saliedo detrás de uno de los arbustos, me dio un susto tremendo, que no sabia que hacer si pararme y correr o quedarme quieto. Todo aquello que mi mama y mi papa me habia ensenado se me olvido tan rapidamente como el rayo. En todo aquello el corazon se me hazeleraba a quinientas millas por hora, y un sudor helado comenzaba a correrme por la frente. En ese momento mi hombría se me fue hasta el fondo del estomago, ya que sentí unas ganas de llorar, pero la suerte mía que siempre me acompaña, la anímala se fue buscando no se y se hundió en los arbustos opuestos a mi, esto me dio tiempo de levantar en un salto de liebre y correr lo mas rápido que pude. Creo que esa ocasión me enseño a entender que no importara lo fuerte o lo hombre que yo me creyera, solo necesitaba una cosa simple y pequeña muchas veces inofensiva para que mi valor y hombría se fueran hacia los suelos. Llegue a la casa de mis abuelos mi abuelita esta calentado unos tamales de elote para el almuerzo. Cuando entre a la casa.
-mira quien llego?
-buenos días abuelita!
-buenos días mi hijito
-Rodrigo, mi hijito como has estado
-Muy bien abuelito y usted?
- Pasándola Mi Hijito, pasándola
Mi abuelito ya estaba muy viejo, tenia el caballo todo blanco y sus arrugas pareciann un monton de arados juntos. Que ya habían vistos muchas plantaciones, sequías, pestes, y quien sabe que mas. Mi abuelo había nacido en un pueblito que se llama guaymanco, este pueblo se encontraban como a 40 kilómetros de las costa, el pueblo en aquel tiempo no estaba muy poblado, tal vez vivían unas 450 gentes en todo el pueblo.
Mi abuelo era bajito, media unos cinco pies y cuatro pulgadas de altura, tal vez en algun tiempo atrás habia sido mas alto, mi abuelita era a un mas bajita. Me dava una gran emocion cuando los hiba a visitar. Me encantaba cuando los dos se sentaba a comer y mi abuelo comenzaba a contar todas sus azanas de nino o de joven, y pues tambien me encataba escuchar a mi abuela decirle
-callate viejo vos, solo sos babosadas
A lo que el le respondia
-no le escuches a tu abuela, que esta loca
Me dava un risa
- mira Rodrigo me le decis a ala flor que muchas gracias por el queso y por la crema y tambien por el pan de dulce
- ya eran como las 4 de la tarde y tenia que emprender mi viaje de regreso a la casa, pero la verdad es que no queria partir de esa choza, la sencillez y el amor que se respiraba eran incomparables. Nunca pude encontrar otro lugar en el mundo que se sintiera igual, simpre busque por todas las partes del mundo por las que viaje pero nunca lo supe encotrar
- bueno abuelito ya me tengo que ir, pero acuerdese de mi, cuando corte los jocotes, por que yo voy a venir la proxima semana.
- Claro que si mi hijito me voy acordar y le voy aguardar los mas rojos.
- Gracias abuelito.
El corazon se me llenaba de un gran sentimiento cuando comenze a caminar hacia la puerta
-vaya con Dios mi hijito, me dijo mi abuelita.
La verdad era que muchas veces sentia que mi pobre corazon se me quebraba al verlos a los dos ya tan viejitos, me hubiera gustado tener dinero y comprarles todo lo que necesitaban.